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Definiciones:
La ansiedad es una animación.

Movies in Madness número 12.

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Hola, cómo estás? Te escribo porque te extraño. Empiezo a escribirte, en realidad. Cuando entré a la página donde hacía (hago) estos newsletters todo era distinto. Tuve que estar varios minutos hasta que entendí cómo llegar de nuevo a esta parte. Palabras sueltas en un inglés que me decía poco y nada. Que no aparecen desprovistas de contexto en las series que veo para practicar el idioma. Tenía miedo de enviarte de vuelta algo que ya habías recibido hacía meses, hacía muchos meses, cuando era una persona distinta a la que soy hoy.

Cuando digo que te extraño entiendo que vos sos uno que en realidad son muchos. Lo bueno que tiene el cine es que me permite eso, conectarme con tantas personas distintas desde un mismo lugar. A veces amigos con los que no hablo hace un montón me preguntan por una película o me recomiendan que vea tal cosa. Mi abuela me manda cada video que ve de Sophia Loren y me pide que vea las películas que a ella le encantaban de chica. Con mi mejor amigo de la infancia hablo de películas de terror que a su novia no le gustan (y al mío medio que tampoco, pero se hace el hombre fuerte).

Creo que todo recae ahí. En esa conexión que tengo con quienes están todos los días en mi cotidiano y con quienes no. Con quien me habla después de 3 años, sin ningún tipo de saludo o introducción y me dice: Vi esta película y la actriz me hizo acordar a vos. El cine da algo que no dan otros tipos de arte. La escultura no es tan popular. La pintura no pareciera ser algo tan compartido. Conozco montones de personas que se aburren en un museo (para mí, un sacrilegio, pero digo, conozco) y sin embargo pueden quebrarse viendo una película o jamás rechazarían una invitación al cine.

Yo sé, además, que lo promuevo. Intento constantemente que quienes me comparten compartan también eso. Hablo con desconocidos, les digo: Mirá por favor esta peli. Lo que estoy diciendo en realidad es: Yo siento esto, y no sé cómo explicarlo en palabras, pero te lo puedo mostrar, alguien lo filmó para mí en 90 minutos.

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Vuelvo a pensar en Fabri. En mi mejor amigo de la infancia, como lo presenté antes. Pienso en él porque podemos estar montones de días sin hablar y sin embargo siempre algún fotograma, un tráiler, este newsletter, una recomendación.

Hace poco le pedí que use mi cuenta de MUBI. Lo que es mi equivalente a compartirte un chocolate, llevar galletitas horneadas a tu casa, pedir que pongas la pava, que estoy llegando. No siempre puedo estar llegando, no siempre puedo estar con gente porque muchas veces la ansiedad me paraliza y la agorafobia golpea la puerta. Pero siempre, siempre, siempre, puedo ver una peli. Puedo hablar de una peli. Puedo ir al cine aunque sea corriendo durante las cuadras que separan mi casa de la sala, porque sé que una vez que esté adentro estaré a salvo.

Compartirle mi cuenta de MUBI a Fabri era (es) decirle no te pierdas. No te pierdas otra vez.

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El otro día vi Everybody loves Jeanne (Tout le monde aime Jeanne) y me recordó a estos dibujitos de Zerocalcare (Cortar por la línea de puntos y Este mundo no me hará mala persona, ambos disponibles en Netflix). Me causa gracia porque estuve buscando algunas cosas sobre la película (que está en MUBIporque todo conduce a todo si uno sabe mirar los hilos) y todas me parecieron poco acertadas. Cuando una persona que no tiene ansiedad quiere describir una película que trata sobre la ansiedad, se hace demasiado evidente que no la entiende.

A mí eso no deja de sorprenderme. Comprendo, en la teoría, que no todos tenemos ansiedad, sin embargo cada vez que veo cómo narra el mundo una persona que no la sufre (no sé si "sufre" es la palabra, retomo esto más abajo) me resulta incomprensible. Siento que hay algo más suave, más soft. Como si hubiera una parte que se pierden, como si transitaran por encima. Una suerte de Jesús caminando sobre el agua pero ignorando los peces de colores.

Hay muchas situaciones en las que siento que la ansiedad me juega una mala pasada. Montones de cosas que no puedo explicar. Situaciones en las que siento de más y de manera alborotada. Lugares a los que no puedo ir. Planes que cancelo a última hora y que luego me arrepiento para siempre. Cosas que pierdo...

Pero luego veo con los ojos de alguien que no la "sufre" y me resultan completamente trivializados. Le falta algo a esa visión. Hay una parte que no comprende, que no vive, que no siente, que no entiende. No hay manera que nadie se la explique, no está en evidencia para esa persona, no se le hace presente ni aunque la tenga en frente de la cara.

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No me acuerdo dónde leí que sólo los oprimidos pueden ver las dos caras de la moneda, sentir las dos experiencias. Sé que era un texto feminista que a lo que trataba de ir, en líneas generales, era a que los hombres no pueden sentir la opresión que sufren las mujeres (ni las personas cis la opresión de las personas trans, ni las personas blancas la opresión de las personas negras, etc.). Es el oprimido el que tiene en su bagaje ambas experiencias: por un lado, la opresión que sufre de manera directa, por el otro, el canon que se le impone del ideal representado por la estructura social.

No tengo un máster en psicología y sólo puedo hablar desde mi propia experiencia, lo cuál sé que no es forma de hacer ciencia, pero siento que con la ansiedad pasa algo parecido. Leemos durante nuestra vida miles de informes y opiniones que escriben neurotípicos (incluso cuando evalúan nuestras propias experiencias). Vemos a gente hacer constantemente un trabajo de rutina de lunes a viernes, pudiendo salir de su casa para hacer sus actividades diarias sin que nunca se les cruce por la mente que capaz, simplemente, van a morirse, así, porque sí, sin razón.

Constantemente nos dicen (quienes no padecen ansiedad) lo que la ansiedad es. Y esto sin entrar en las personas que te piden que te pongas bien y listo, ¡pero qué boluda cómo no se me ocurrió!

Y en el medio de todo eso, de las dos caras al mismo tiempo, del diamante que brilla en nuestras mil inspiraciones y deducciones y compresiones, de la música que nos dice algo distinto, de los colores que tienen aromas, del pecho expandiendo su tamaño y achicándose según la sensación... los dibujitos. Esa pequeña animación a colores que encuentra la manera exacta de explicar lo que nos pasa, mucho mejor que los papers de Harvard.

Se convierten en un abrazo y en una lupa. En un prisma para entender lo de adentro y lo otro. No dudo de que Zerocalcare y Céline Devaux necesitaban tanto expresar lo que les pasaba, como yo necesitaba verlo. Para reírme de ello. Para sentirme menos sola en un mundo que constantemente me exige que sea otra persona (un varón, una workaholic, una neurotípica).

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Vuelvo al principio, porque irse necesita para existir del estar volviendo, de algo que lo delimite. Veo una serie, veo una película, y te pido que la mires. Y te pido que mires adentro mío para que entiendas que no quiero hacerte daño. Que es más el daño que me hago a mí misma y que intento por todos los medios extinguir.

Que los años que pasé sin verte, Fabri, te extrañé todos los días.

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